Agresión: genética y hormonas

Estudios genéticos realizados demuestran que hay personas más predispuestas que otras a desarrollar comportamientos agresivos, pero los resultados no son lo suficientemente concluyentes como para descartar factores medioambientales. En casi todas las sociedades los hombres son más agresivos que las mujeres. Este hecho intenta explicarse a partir de la hormona testosterona. Con frecuencia, las personas con altos niveles de testosterona responden con mayor firmeza a provocaciones y amenazas. Altas cantidades de testosterona influyen también en la paciencia e irritabilidad del individuo, lo que puede conducir a la agresión además de causar tensión y frustración. Así, las personas más agresivas tendrían unos niveles de testosterona más elevados que las personas menos agresivas. Otras investigaciones señalan al neurotransmisor serotonina como un factor a tener en cuenta al evaluar el desarrollo de comportamientos agresivos.

Se ha observado que los hombres son más proclives a las agresiones físicas que las mujeres, solo algo más tendentes que las mujeres a agresiones verbales y sin duda muestran tasas menores que las mujeres en agresiones relacionales (comportamientos que tienen como objetivo interrumpir relaciones). Por lo tanto, en general, los hombres suelen comenzar agresiones que causan un daño físico o dolor y las mujeres  se inclinan más a iniciar agresiones que se traducen en un daño psicológico o moral.

Advertisements

El sistema endocrino

El sistema endocrino funciona como un canal de comunicaciones que envía mensajes químicos al cuerpo a través del sistema circulatorio. Estos químicos son las hormonas, producidas por este sistema. Las hormonas serían las equivalentes a los neurotransmisores, aunque su funcionamiento es diferente. A las hormonas les lleva más tiempo  llegar a su destino entre otras cosas porque se desplazan por todo el cuerpo activando solamente las células que pueden recibir sus señales.sistemaendocrino

El sistema endocrino está regulado por la glándula pituitaria, ubicada muy cerca del hipotálamo.

Probablemente las hormonas más conocidas sean la oxitocina, la testosterona, la serotonina y la adrenalina.


Tipos de neurotransmisores

Existen más de cien tipos de sustancias químicas que actúan como neurotransmisores. Sus efectos pueden variar según el área del sistema nervioso en el que se produzca.

Los neurotransmisores más conocidos son:

Acetilcolina: el primer neurotransmisor en ser identificado, se localiza en el cerebro, columna vertebral, sistema nervioso periférico, especialmente en el sistema parasimpático. Tiene un efecto excitador en el cerebro y sistema nervioso autónomo e inhibidor en el resto. Está relacionado con el movimiento de los músculos y las funciones cognitivas. Un nivel bajo de acetilcolina podría estar relacionado con la aparición de Alzhéimer.

Ácido glutámico: se encuentra en el cerebro y la columna vertebral y su efecto es excitador. Se relaciona con la memoria.

Ácido gamma-aminobutírico: localizado en el cerebro y la columna vertebral, es el principal neurotransmisor con funciones inhibidoras y afecta a varios comportamientos, desde la manera de alimentarse hasta la agresividad.

Dopamina: se encuentra en el cerebro y puede tener efectos excitadores o inhibidores. Se relaciona con el control de movimientos y un bajo nivel de este neurotransmisor se relaciona con la enfermedad de Parkinson. También se relaciona con los niveles de atención y los mecanismos de placer y recompensa. Se ha teorizado sobre la relación de producción de altos niveles de dopamina y enfermedades como la esquizofrenia.

Serotonina: localizado en el cerebro y la columna vertebral, es un inhibidor relacionado con los ciclos de sueño, alimentación, dolor y estado anímico. Varias teorías relacionan a este neurotransmisor con la depresión.

Endorfinas: se encuentran en el cerebro y la columna vertebral, tienen una función inhibidora, excepto en el hipocampo. Se relacionan principalmente con la supresión del dolor y sentimientos de placer.


Percepción de la música (1)

Nuestra percepción de la música viene determinada por factores culturales y por las relaciones estructurales de los sonidos. Cuando percibimos una secuencia de sonidos como música, la percepción de sonidos individuales es diferente y esta incluso afecta al estado emocional de la persona y la distribución de serotonina, el neurotransmisor asociado a los sentimientos de alegría y tristeza.

La hélice de Drobisch, utilizada por primera vez en 1.846, ilustra de manera tridimensional la percepción de la música. Con el aumento de frecuencia, la altura del tono aumenta. La octava es el intervalo regular que separa dos sonidos cuyas frecuencias fundamentales tienen una relación de dos a uno y se repite cuando nos movemos hacia arriba en la hélice.

Si una nota es el doble de la frecuencia de otra, entonces están separadas por una octava y tiene el mismo tono (como el caso del primer y el último do de la escala). Por ejemplo, la nota la4 (A5 en inglés) de 880 Hz está una octava por encima de la nota la3 (A4) de 440 Hz. El número de octavas entre dos frecuencias puede calcularse mediante logaritmos de base dos. Así, si tomamos el rango de frecuencias percibidas por el oído humano, entre 20 y 20.000 hertzios, el número de octavas que abarca este rango es de: Log2(20.000/2)=9.965 octavas. Este rango, como hemos visto en el post anterior, varía en cada persona y disminuye con la edad.

La combinación de las notas musicales para formar música se ve influida por el tempo musical, el ritmo y son aplicables los principios de la Gestalt.

Nota para la ilustración de la hélice de Drobisch: do-re-mi-fa-sol-la-si-do equivalen en inglés a C-D-E-F-G-A-B-C

helixdrobisch