La piel (3). La sensación de dolor

La piel también juega un papel relevante en nuestra supervivencia, haciéndonos conscientes de potenciales daños a nuestros cuerpos a través de varios receptores nerviosos localizados a diferentes profundidades en las capas de la piel. Hay personas que son más sensibles al dolor que otras, bien por daños en los receptores, bien por rasgos hereditarios. La reducción del dolor puede ocurrir por la liberación natural de endorfinas y otros componentes químicos que reducen esa sensación y contribuyen a obtener una sensación de bienestar. La respuesta al dolor también es de tipo perceptual, ya que depende en gran medida de nuestras emociones y pensamientos. Por ejemplo, la ansiedad que produce una visita al dentista puede hacer que sintamos más dolor durante la consulta. Igualmente, los sentimientos de alegría mitigan el dolor de un parto.

La teoría biopsicosocial propone que un conjunto de factores biológicos, psicológicos y culturales contribuyen a la experiencia del dolor. La teoría de las compuertas, por su parte, parte de la existencia de receptores nerviosos en la columna vertebral que conectan con áreas específicas del cerebro relacionadas con el dolor. Cuando estos receptores se activan a causa de una lesión, se abre una puerta al cerebro y experimentamos la sensación de dolor. Sin embargo, otro tipo de receptores puede cerrar la puerta si son estimulados, reduciendo de este modo la experiencia de dolor a través de estímulos no dolorosos que compiten y logran desplazar el mensaje neuronal de dolor. La puerta también puede cerrarse enviando un mensaje desde el cerebro a través de la espina dorsal hasta la región dañada.

El fenómeno del miembro fantasma explica como personas que han sufrido una amputación continúan sintiendo dolor en el mismo hasta que, con el tiempo, el encéfalo reorganiza las neuronas asociadas a ese miembro amputado.

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Percepción del equilibrio

Existen varias estructuras en el oído relacionadas con la percepción del equilibrio:

  • Los conductos semicirculares del oído interno, que consisten en tres tubos con un líquido denominado endolinfa que circula por ellos cuando la cabeza gira, indicando un movimiento rotatorio a través de los otolitos, pequeños cristales sensibles al movimiento localizados en los conductos semicirculares. Cuando nos movemos, esos cristales se desplazan registrando movimientos rotatorios.
  • El sáculo y el utrículo perciben la aceleración linear (como el despegue de un avión).

Las informaciones registradas se envían a la mácula y de esta van al encéfalo. Sin embargo, también en la percepción del equilibrio nuestro cerebro se puede equivocar: el mareo espacial o síndrome de adaptación al espacio se puede explicar por la inexperiencia de nuestro cerebro para interpretar mensajes de otolitos en circunstancias de gravedad cero. Igualmente, el mareo común o síndrome del desembarco se debe al exceso de estimulación de los conductos semicirculares.

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