Agresión: genética y hormonas

Estudios genéticos realizados demuestran que hay personas más predispuestas que otras a desarrollar comportamientos agresivos, pero los resultados no son lo suficientemente concluyentes como para descartar factores medioambientales. En casi todas las sociedades los hombres son más agresivos que las mujeres. Este hecho intenta explicarse a partir de la hormona testosterona. Con frecuencia, las personas con altos niveles de testosterona responden con mayor firmeza a provocaciones y amenazas. Altas cantidades de testosterona influyen también en la paciencia e irritabilidad del individuo, lo que puede conducir a la agresión además de causar tensión y frustración. Así, las personas más agresivas tendrían unos niveles de testosterona más elevados que las personas menos agresivas. Otras investigaciones señalan al neurotransmisor serotonina como un factor a tener en cuenta al evaluar el desarrollo de comportamientos agresivos.

Se ha observado que los hombres son más proclives a las agresiones físicas que las mujeres, solo algo más tendentes que las mujeres a agresiones verbales y sin duda muestran tasas menores que las mujeres en agresiones relacionales (comportamientos que tienen como objetivo interrumpir relaciones). Por lo tanto, en general, los hombres suelen comenzar agresiones que causan un daño físico o dolor y las mujeres  se inclinan más a iniciar agresiones que se traducen en un daño psicológico o moral.



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