El efecto foco de luz (spotlight effect)

Este efecto merece una entrada propia porque tiene una repercusión importante en la autoestima y la autocrítica y en la seguridad con la que nos comportamos en sociedad. Generalmente sobre-estimamos la medida en la que nuestra apariencia o comportamiento  son evidentes para otros. Al ser el centro de nuestra atención nosotros mismos, tendemos a no evaluar correctamente el impacto de nuestra apariencia o comportamiento, pensando que todo el mundo alrededor nos presta su máxima atención (de ahí el nombre del efecto). Múltiples experimentos muestran que no somos tan interesantes para los demás como lo somos para nosotros mismos.Efecto foco de luz Por ejemplo, en un experimento un estudiante entró en una sala llena de compañeros con una camiseta de dudoso gusto. El estudiante estaba convencido de que más de la mitad de sus compañeros se fijaría en la camiseta. Sin embargo, menos del  50% recordaba la camiseta en cuestión. En otro experimento, denominado “el estudio del día mal peinado”, los estudiantes se puntuaban y puntuaban a sus compañeros según su apariencia fuese mejor o peor de lo habitual. Las puntuaciones ajenas eran más elevadas que las propias, demostrando que los demás no se fijan tanto en nuestro aspecto como nosotros mismos. Entonces, si algún día por la razón que sea vas mal peinado/a, no te preocupes demasiado. Nadie lo notará tanto como tú.

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Teoría de la autopercepción y la hipótesis del feedback facial

Según la teoría de la autopercepción, examinamos nuestro comportamiento del mismo modo que el de los demás y así determinamos nuestras creencias y actitudes.Si, por ejemplo, elegimos con frecuencia de postre flan, asumimos que nos gusta el flan. Esta teoría explica porque si pedimos a alguien que se comporte de una forma determinada, especialmente con un poco de presión, podemos llegar a influir en el autoconcepto de la persona hasta el punto de cambiarlo.

Se han llevado a cabo investigaciones para averiguar hasta qué punto los estereotipos de género influyen en nuestra autoestima (Brannon 2008). Así, si una tarea es percibida por la sociedad como masculina, los hombres se ven más capaces que las mujeres de realizarla. Y al contrario, si una tarea socialmente se considera como propia del género femenino, las mujeres demuestran más confianza en su realización.

La hipótesis del feedback facial  sostiene que cambios en la expresión facial pueden conllevar cambios en las emociones. Así, una persona que sonríe se sentirá más contenta que una que frunce el ceño o más furiosa una persona con los puños cerrados que otra con las palmas abiertas, por ejemplo (Kleinke, Peterson, Rutledge 1998). No se ha demostrado todavía si estos cambios se deben a la autopercepción o si las expresiones faciales y movimientos corporales influyen en las emociones al producir cambios fisiológicos en el cerebro.