Percepción de la música (1)

Nuestra percepción de la música viene determinada por factores culturales y por las relaciones estructurales de los sonidos. Cuando percibimos una secuencia de sonidos como música, la percepción de sonidos individuales es diferente y esta incluso afecta al estado emocional de la persona y la distribución de serotonina, el neurotransmisor asociado a los sentimientos de alegría y tristeza.

La hélice de Drobisch, utilizada por primera vez en 1.846, ilustra de manera tridimensional la percepción de la música. Con el aumento de frecuencia, la altura del tono aumenta. La octava es el intervalo regular que separa dos sonidos cuyas frecuencias fundamentales tienen una relación de dos a uno y se repite cuando nos movemos hacia arriba en la hélice.

Si una nota es el doble de la frecuencia de otra, entonces están separadas por una octava y tiene el mismo tono (como el caso del primer y el último do de la escala). Por ejemplo, la nota la4 (A5 en inglés) de 880 Hz está una octava por encima de la nota la3 (A4) de 440 Hz. El número de octavas entre dos frecuencias puede calcularse mediante logaritmos de base dos. Así, si tomamos el rango de frecuencias percibidas por el oído humano, entre 20 y 20.000 hertzios, el número de octavas que abarca este rango es de: Log2(20.000/2)=9.965 octavas. Este rango, como hemos visto en el post anterior, varía en cada persona y disminuye con la edad.

La combinación de las notas musicales para formar música se ve influida por el tempo musical, el ritmo y son aplicables los principios de la Gestalt.

Nota para la ilustración de la hélice de Drobisch: do-re-mi-fa-sol-la-si-do equivalen en inglés a C-D-E-F-G-A-B-C

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Percepción del sonido

El sonido es el movimiento de moléculas de aire producido por una vibración. El sonido viaja a través del aire en forma de ondas (ondas sonoras) y se percibe por cada oído con una ligerísima diferencia de tiempo que permite al cerebro localizar la fuente del sonido. Desde los oídos externos los sonidos van al conducto auditivo hacia el tímpano. Este vibra más cuanto más intenso es el sonido. Sus vibraciones alcanzan el oído medio, que funciona como un amplificador. Desde aquí llega a la ventana vestibular y al oído interno. Aquí, concretamente en el órgano de Corti, es donde el sonido se transforma en mensaje neuronal para ser enviado al cerebro por las células pilosas que recogen las vibraciones. A partir de ellas producen un componente químico que genera los impulsos eléctricos que son transmitidos al cerebro a través del nervio acústico y del nervio auditivo. Estas células pilosas no tienen capacidad regenerativa y con el tiempo van perdiendo elasticidad, lo cual puede resultar en una pérdida auditiva.

Las células pilosas generan respuestas diferentes para cada frecuencia. La frecuencia es el número de ciclos de una onda sonora en un segundo y la unidad de medición es el hertzio. La frecuencia más baja que percibimos son 20 ciclos y la más alta 20.000. Por encima estarían los ultrasonidos y por debajo, los infrasonidos.

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