Porqué nos equivocamos al intentar averiguar los motivos del comportamiento de otros

Resumiendo, hacemos atribuciones de disposición porque son más rápidas y fáciles, pero deberíamos valorar la situación que rodea a la persona antes de llegar a conclusiones de disposición.

Generalmente tomamos en cuenta los factores internos de la persona para explicar su comportamiento y solo más tarde nos fijamos en las circunstancias que rodean a esa persona y que pueden ayudarnos a explicar su comportamiento. Además, tendemos a creer que las personas no pueden realizar comportamientos contrarios a sus actitudes. Por ejemplo, si alguien se cuela en la cola del supermercado, lo primero que tendemos a pensar es que la persona es poco considerada y bastante aprovechada. Solo en una segunda instancia  pensaremos que quizás se ha colado porque tiene prisa debido a una urgencia. Y es que lo más prominente para el observador es la persona, no las circunstancias, que puede incluso desconocer. Cuando los factores de situación son prominentes, tendemos a hacer menos atribuciones de disposición.

Por último, nosotros mismos nos vemos comportándonos de modo diferente en situaciones diferentes, pero no tenemos esa oportunidad con terceros, así que tendemos a asumir que nuestro comportamiento es más variable que el de los otros, lo cual es un error.

Advertisements

Atribuciones intergrupales

En los cuatro post previos hemos visto cómo las atribuciones ayudan a explicar el comportamiento de individuos y las diversas teorías para explicar cómo las utilizamos. Además, también contamos con atribuciones intergrupales para explicar el comportamiento propio basándonos en la pertenencia a un determinado grupo y atribuciones del comportamiento de terceros basándonos en su pertenencia a otro grupo diferente. Si, por ejemplo, estos grupos son etnocéntricos, podemos realizar atribuciones que resultan ser estereotipos (se juzga a la persona por su pertenencia a  un grupo en lugar de por sus características individuales) y que pueden ser la raíz de prejuicios y comportamientos discriminatorios.

Igualmente, se ha demostrado que se hacen atribuciones diferentes según el género del individuo. Estudios muestran como los éxitos de los hombres se tienden a atribuir a la habilidad del individuo, mientras que los éxitos de las mujeres se atribuyen al esfuerzo. Del mismo modo, los fracasos masculinos se atribuyen a la mala suerte y, sin embargo,  los femeninos, a la falta de habilidad.

Debemos de estar alerta ante este tipo de atribuciones sesgadas para evitar caer en comportamientos que perjudican al grupo más amplio al que todos pertenecemos, el género humano.


Teoría de la motivación de logro de Weiner

Llegamos a la última teoría que intenta explicar la percepción social. Está basada en la consecución de objetivos: atribuimos nuestros fracasos o éxitos en términos tridimensionales: locus (la causa es interna o externa a la persona), estabilidad (la causa permanece o puede cambiar) y controlabilidad (la persona puede controlar la causa o no puede). Esto produce varias posibles explicaciones del logro.

Según Bernard Weiner, las personas solemos atribuir los éxitos propios a factores internos (por ejemplo, habilidades) y los ajenos a factores externos (por ejemplo, suerte). Además, se atribuyen los errores propios a causas externas y los ajenos a causas internas. ¿Por qué hacemos esto? La teoría de Weiner se basa en la asunción de que las personas queremos mantener una autoestima positiva. Por lo tanto, atribuimos tanto éxitos como fracasos a factores que permiten sentirnos bien con nosotros mismos. Esta teoría se puede aplicar tanto a individuos como a grupos.

Una variante trata de explicar los pensamientos depresivos: cuando una persona explica los resultados negativos utilizando atribuciones internas y además se atribuyen a los eventos positivos una causa externa e inestable suele asociarse a un cuadro depresivo, puesto que la persona no solo se culpabiliza de los fracasos, sino que tampoco se atribuye a si misma  los éxitos.


Teoría de la covariación de Kelley

Esta es la tercera teoría que intenta explicar cómo funciona la percepción social. Fue desarrollada por Harold Kelley en 1967 y se centra en los factores presentes en el momento en el que se da un comportamiento X y los factores ausentes cuando el comportamiento no acontece.  Estos factores y la información que proporcionan son utilizados para desarrollar explicaciones causales del comportamiento. Esa información se clasifica en tres tipos:consenso, distintividad y consistencia.

  • Consenso de la información: Si existe acuerdo en que muchas personas se comportan de la misma manera, hay más probabilidades de hacer una atribución que si fueran pocas personas.
  • Distintividad de la información: Distinguiremos si el comportamiento del actor en una situación dada es inusual o usual en situaciones diferentes.
  • Consistencia de la información: Si la actitud o comportamiento de la persona similar a lo largo del tiempo haremos probablemente una atribución de disposición. Si el comportamiento es inusual en una situación determinada para una persona dada (actor), haremos una atribución situacional.

Cada elemento de información puede tener un valor alto o bajo y se pueden combinar de formas diferentes: Si consenso y distinción son bajos y la consistencia alta, haremos una atribución interna o de disposición. Si los tres son altos, haremos una atribución de situación. Poca consistencia, no podemos hacer ninguna atribución.

CONSENSO DISTINTIVIDAD CONSISTENCIA ATRIBUCIÓN
Alto Alto Alto Situación
Bajo Bajo Alto Disposición
—– —– Bajo —–

 

Este modelo tiene algunas limitaciones, siendo la más importante que no distingue entre la conducta intencional y la no intencional.


Teoría de la psicología ingenua de la acción

La percepción social es el proceso por el cual nos formamos impresiones de otras personas y hacemos inferencias sobre su comportamiento. Hay cuatro teorías que intentan explicar este proceso y en este post nos ocupamos de la primera de ellas, la teoría de la psicología ingenua de la acción de Heider. Esta teoría establece que analizamos las causas y los efectos de las acciones de los demás para entender tanto el mundo que nos rodea como el comportamiento de las demás personas y entonces formulamos teorías causales con una estructura semejante a las teorías científicas. Por ello para Heider todos somos psicólogos ingenuos.

Su teoría se basa en tres principios:

  • Necesitamos explicar las causas del comportamiento de otras personas para entender su motivación.
  • Conociendo las motivaciones de un comportamiento dado, podremos predecir cómo la persona se comportará en el futuro.
  • Cuando hacemos atribuciones causales, distinguimos entre causas de comportamiento internas (el comportamiento está causado por factores personales como habilidades, esfuerzo, personalidad…) y externas (circunstancias que pueden influir en el comportamiento). Por ejemplo, si al conducir observamos a un conductor agresivo en la carretera, podemos pensar que la persona tiene prisa por alguna razón (atribución externa) o que la persona es agresiva (atribución interna). La teoría de la atribución es el marco de muchas investigaciones psicosociales posteriores.