El efecto foco de luz (spotlight effect)

Este efecto merece una entrada propia porque tiene una repercusión importante en la autoestima y la autocrítica y en la seguridad con la que nos comportamos en sociedad. Generalmente sobre-estimamos la medida en la que nuestra apariencia o comportamiento  son evidentes para otros. Al ser el centro de nuestra atención nosotros mismos, tendemos a no evaluar correctamente el impacto de nuestra apariencia o comportamiento, pensando que todo el mundo alrededor nos presta su máxima atención (de ahí el nombre del efecto). Múltiples experimentos muestran que no somos tan interesantes para los demás como lo somos para nosotros mismos.Efecto foco de luz Por ejemplo, en un experimento un estudiante entró en una sala llena de compañeros con una camiseta de dudoso gusto. El estudiante estaba convencido de que más de la mitad de sus compañeros se fijaría en la camiseta. Sin embargo, menos del  50% recordaba la camiseta en cuestión. En otro experimento, denominado “el estudio del día mal peinado”, los estudiantes se puntuaban y puntuaban a sus compañeros según su apariencia fuese mejor o peor de lo habitual. Las puntuaciones ajenas eran más elevadas que las propias, demostrando que los demás no se fijan tanto en nuestro aspecto como nosotros mismos. Entonces, si algún día por la razón que sea vas mal peinado/a, no te preocupes demasiado. Nadie lo notará tanto como tú.

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Qué herramientas utilizamos para mantener un autoconcepto positivo

Se denominan sesgos cognitivos y pueden agruparse en sesgos de autoservicio, creencias sesgadas, comparaciones sesgadas y sesgos de comportamiento. Veamos a continuación algunos de ellos:

Sesgos de autoservicio

  • Falsos recuerdos: tendencia a recordar las cosas de modo sesgado por el propio interés.
  • Efecto del falso consenso: sobreestimamos la cantidad de personas que comparten nuestras opiniones, actitudes y comportamientos.
  • Efecto de falsa singularidad: consideramos nuestros mejores comportamientos como menos comunes de los que son en realidad. A este efecto se debe que tendamos a creer que hay pocas personas con actitudes positivas y sobreestimemos la cantidad de personas con actitudes negativas.

Creencias sesgadas

  • Optimismo irrealista: cada persona se percibe con más posibilidades que las demás de vivir experiencias positivas y con menos que otras de vivir experiencias negativas.
  • Percepción de control: considerar que eventos total o parcialmente fuera de nuestro control pueden ser controlados por nosotros, lo que puede llevarnos a tomar actitudes arrogantes.

Comparaciones sesgadas

  • Disfrutar del reflejo de gloria (BIRG): asociarse a personas de éxito en la vida para incrementar los sentimientos de propia valía.
  • Comparaciones sociales hacia abajo: nos comparamos con personas que están en peores condiciones que nosotros en una determinada habilidad para sentirnos mejor con nosotros mismos. Experimentos demuestran que recurrimos a este tipo de comparaciones cuando nos sentimos mal con nosotros mismos.

Sesgos de comportamiento

  • Creación de obstáculos: nos creamos obstáculos en la consecución de nuestros objetivos de manera que, ante un posible fracaso, nos podamos escudar en ellos.

Autoconcepto y autoconsciencia

Se puede definir el autoconcepto como las creencias personales sobre las características propias. Este autoconcepto evoluciona con el tiempo, se vuelve más abstracto con la edad, y tiene un impacto en cómo nos sentimos con nosotros mismos (autoestima).

La autoconsciencia es el hecho de ser consciente de uno  mismo como objeto de los pensamientos propios. Cuando las personas nos vemos forzadas a ser autoconscientes, generalmente se producen dos tipos de reacciones: bien nos vemos motivados para cambiar nuestro comportamiento para estar a la altura de la propia imagen, bien intentamos escapar de este estado para evadirnos de las contradicciones detectadas.

El autoconcepto y la autoconsciencia forman nuestra identidad. Nos ayudan en las relaciones sociales, puesto que en cierta medida somos lo que pensamos que somos y sin conocernos a nosotros mismos no tenemos identidad. También contribuyen a tomar decisiones tomando en cuenta nuestros objetivos y valores. En este sentido, investigaciones neurológicas sugieren que para tomar decisiones a corto y a largo plazo se activan diferentes partes del cerebro. Por ejemplo, si queremos algo inmediatamente (comprar un objeto, comer algo), se activan las partes del cerebro asociadas a las emociones. Sin embargo, si pensamos realizar esa misma acción en el futuro, las áreas del cerebro implicadas son las que están relacionadas con el razonamiento abstracto.


Percepción del sonido

El sonido es el movimiento de moléculas de aire producido por una vibración. El sonido viaja a través del aire en forma de ondas (ondas sonoras) y se percibe por cada oído con una ligerísima diferencia de tiempo que permite al cerebro localizar la fuente del sonido. Desde los oídos externos los sonidos van al conducto auditivo hacia el tímpano. Este vibra más cuanto más intenso es el sonido. Sus vibraciones alcanzan el oído medio, que funciona como un amplificador. Desde aquí llega a la ventana vestibular y al oído interno. Aquí, concretamente en el órgano de Corti, es donde el sonido se transforma en mensaje neuronal para ser enviado al cerebro por las células pilosas que recogen las vibraciones. A partir de ellas producen un componente químico que genera los impulsos eléctricos que son transmitidos al cerebro a través del nervio acústico y del nervio auditivo. Estas células pilosas no tienen capacidad regenerativa y con el tiempo van perdiendo elasticidad, lo cual puede resultar en una pérdida auditiva.

Las células pilosas generan respuestas diferentes para cada frecuencia. La frecuencia es el número de ciclos de una onda sonora en un segundo y la unidad de medición es el hertzio. La frecuencia más baja que percibimos son 20 ciclos y la más alta 20.000. Por encima estarían los ultrasonidos y por debajo, los infrasonidos.

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Percepción del tiempo

Percibimos el tiempo de manera similar a como percibimos el espacio, color, forma y movimiento. Nuestro cerebro registra los cambios y la unidad básica de nuestra experiencia perceptual es el evento, que consiste en la relación entre los objetos y acciones. Estos eventos no son percibidos en tiempo real, sino con cierto retraso, debido a que desde el momento en el que el estímulo es registrado hasta que reaccionamos al mismo nuestro cerebro debe recibir, analizar y enviar información para responder al estímulo. Por ejemplo, un conductor en circunstancias normales que percibe la luz roja de un semáforo circulará unos 200 metros hasta que pise los frenos.

En cuanto al paso del tiempo, todavía no se ha llegado a comprender exactamente cómo lo percibimos. Contamos con un reloj biológico formado por neuronas localizadas en el hipotálamo que controla nuestros ciclos de sueño, alimentación etc y que responde a los ritmos circadianos (oscilaciones biológicas en intervalos regulares de tiempo -24 horas aproximadamente- como por ejemplo la temperatura corporal). El jet-lag es un ejemplo de la adaptación de ese reloj biológico a las nuevas condiciones del ciclo día-noche. Es probable que cualquier cosa que altere la velocidad de nuestros procesos fisiológicos altere nuestra percepción de la velocidad a la que pasa el tiempo.

También contamos con relojes cognitivos, en cuyo funcionamiento están implicadas varias partes del cerebro, siendo la principal la parte frontal. La percepción del paso del tiempo se basa no solo en el tiempo físico, sino también en los procesos mentales que ocurren durante el intervalo. Por ejemplo, el tipo de tarea que realiza una persona cambia su percepción del tiempo, y a veces el tiempo se nos pasa volando y otras se nos hace interminable. Estas sensaciones generalmente tienen un impacto en nuestras emociones, y viceversa. Así, hay indicios de sugieren que las emociones fuertes afectan a nuestra sensación del paso del tiempo.


Percepción del movimiento

Generalmente percibimos el movimiento de un objeto en relación con un fondo estable y sin movimiento. Si el estímulo se mueve hacia nosotros, se agranda la imagen en la retina y asumimos que el estímulo se acerca a nosotros, en lugar de pensar que se agranda y la distancia que nos separa de el es constante. Para percibir el movimiento procesamos la información de los movimientos de los ojos y de la cabeza, además de la información de la imagen en la retina. Las investigaciones en este campo llevadas a cabo por Werner E. Reichardt apuntan a que existe un grupo de neuronas sensibles a la dirección y la velocidad del movimiento. Su modelo se denomina “detector de Reichardt“. A veces percibimos movimiento cuando no lo hay (movimiento aparente). Esto sucede cuando diferentes áreas de la retina reciben estímulos rápidamente, lo que nos lleva a interpretar que hay movimiento. Por ejemplo, esto es lo que percibimos cuando estamos sentados en un vagón de tren y el tren estacionado al lado empieza a moverse lentamente. Junto al movimiento inducido, en este caso tenemos la sensación de que nosotros mismos nos movemos. La percepción de nuestro propio movimiento depende del análisis de los aspectos cambiantes de la imagen a medida que nos movemos.


Percepción en 3D

Las imágenes proyectadas en la retina son 2D, sin embargo, percibimos el mundo exterior en 3D, una capacidad denominada percepción de la profundidad, debida sobre todo al hecho de tener dos ojos ligeramente separados. Es esa distancia la que hace que las imágenes en las retinas sean ligeramente diferentes (disparidad binocular). El cerebro integra esas dos imágenes en una y al mismo tiempo reconoce las diferencias entre ellas y las utiliza para estimar la distancia entre el objeto y nosotros mismos.

En algunos casos ciertas pistas o señales nos permiten obtener un sentido de profundidad y distancia. Pueden ser monoculares o binoculares.

Monoculares:

Interposición: un objeto más cercano bloquea la vista de otro más lejano.

Sombreado: las sombras se ven en las partes más alejadas de los objetos.

Perspectiva aérea: un objeto lejano aparecerá borroso o menos nítido que imágenes de objetos más cercanos.

Tamaño relativo: cuanto más lejano está el objeto, más pequeño aparece en la retina y viceversa.

Altura relativa: dónde se percibe un objeto en relación con el horizonte.

Tamaño familiar: percepción marcada por experiencias previas con el mismo objeto.

Perspectiva lineal: las líneas paralelas en perspectiva lineal cuanto más lejanas, mayor es su convergencia, hasta encontrarse en el “punto de fuga”.

Gradiente de textura: combina el tamaño relativo y la perspectiva lineal. Parece que el objeto lejano es liso y el cercano aparece con detalles.

Paralaje de movimiento: cuando el observador se mueve, los objetos a diferentes distancias de este se mueven en direcciones diferentes y a velocidades diferentes. Estas diferencias pueden servir como pistas para conocer la distancia relativa de los objetos.

Binoculares:

Visión estereoscópica: habilidad de extraer información sobre profundidad de la visión binocular.

Disparidad binocular.

Convergencia y divergencia: resultado de los movimientos musculares del ojo para percibir imágenes.

Hogarth-satire-on-false-pespective-1753  Sátira sobre la falsa perspectiva, Hogarth, 1754