¿Para qué sirven las emociones?

Darwin, en su libro “La expresión de las emociones en humanos y animales” de 1872, argumentaba que las emociones ayudan a los animales a adaptarse al medio que les rodea.

Según Ekman (1994), las emociones ayudan a la supervivencia porque ayudan a lidiar con tareas vitales como explorar os alrededores, desarrollar y mantener relaciones, evitar daños, reproducirse, luchar, cuidar y dejar cuidarse…

Según Plutchik (1980), las emociones sirven al menos para 8 fines: protección, destrucción, reproducción, reunión, afiliación, rechazo, exploración y orientación.

Todas las emociones son beneficiosas porque dirigen la atención y canalizan el comportamiento hacia donde se necesita, según las circunstancias en las que se encuentra el individuo.

Además, las emociones cumplen una función social:

  • Comunican nuestros sentimientos a otros.
  • Influyen en el modo en el que otros interactúan con nosotros.
  • Incitan y facilitan la interacción social.
  • Crean, mantienen y disuelven relaciones.

Son mensajes no verbales que comunican nuestros sentimientos a terceros. Así, por ejemplo, la sonrisa, además de comunicar alegría, facilita la interacción social, mientras que una cara seria la frena.

Advertisements

¿Qué causa una emoción?

En realidad, la pregunta debería de ser, las emociones ¿son un fenómeno biológico o un fenómeno cognitivo?

En favor de la teoría biológica juega que la mayoría de los procesos emocionales en la vida permanecen en un nivel no cognitivo, automático, inconsciente y conducido por estructuras subcorticales. Panksepp por ejemplo pensaba que son biológicas porque:

  • Los estados emocionales son difíciles de expresar verbalmente. Por ello quizás su origen sea no cognitivo.
  • La experiencia emocional puede ser inducida por procedimientos no cognitivos.
  • Tanto bebés como animales tienen emociones.

En favor de la teoría cognitiva aparece el argumento de que es el reconocimiento cognitivo del significado de un evento el que produce la emoción. ¿Es un evento positivo?¿Negativo?¿Seré capaz de sobrellevarlo?

En cualquier caso, las investigaciones en este campo continúan y lo más probable es que las emociones se deban a una combinación de los elementos biológico y cognitivo.


Percepción del tiempo

Percibimos el tiempo de manera similar a como percibimos el espacio, color, forma y movimiento. Nuestro cerebro registra los cambios y la unidad básica de nuestra experiencia perceptual es el evento, que consiste en la relación entre los objetos y acciones. Estos eventos no son percibidos en tiempo real, sino con cierto retraso, debido a que desde el momento en el que el estímulo es registrado hasta que reaccionamos al mismo nuestro cerebro debe recibir, analizar y enviar información para responder al estímulo. Por ejemplo, un conductor en circunstancias normales que percibe la luz roja de un semáforo circulará unos 200 metros hasta que pise los frenos.

En cuanto al paso del tiempo, todavía no se ha llegado a comprender exactamente cómo lo percibimos. Contamos con un reloj biológico formado por neuronas localizadas en el hipotálamo que controla nuestros ciclos de sueño, alimentación etc y que responde a los ritmos circadianos (oscilaciones biológicas en intervalos regulares de tiempo -24 horas aproximadamente- como por ejemplo la temperatura corporal). El jet-lag es un ejemplo de la adaptación de ese reloj biológico a las nuevas condiciones del ciclo día-noche. Es probable que cualquier cosa que altere la velocidad de nuestros procesos fisiológicos altere nuestra percepción de la velocidad a la que pasa el tiempo.

También contamos con relojes cognitivos, en cuyo funcionamiento están implicadas varias partes del cerebro, siendo la principal la parte frontal. La percepción del paso del tiempo se basa no solo en el tiempo físico, sino también en los procesos mentales que ocurren durante el intervalo. Por ejemplo, el tipo de tarea que realiza una persona cambia su percepción del tiempo, y a veces el tiempo se nos pasa volando y otras se nos hace interminable. Estas sensaciones generalmente tienen un impacto en nuestras emociones, y viceversa. Así, hay indicios de sugieren que las emociones fuertes afectan a nuestra sensación del paso del tiempo.