Otras teorías sobre comportamiento intergrupal

Un aspecto importante del comportamiento del grupo es la dimensión intergrupal, la cual no fue tenida en cuenta por Le Bon, Zimbardo y otros en sus teorías. No fue hasta Steve Reicher que empezaron a estudiarse situaciones en las que hay al menos dos grupos y ambos actúan en respuesta al comportamiento del otro. Por ejemplo, los comportamientos de la policía y de los manifestantes en una manifestación. Reicher cree que el comportamiento de la  multitud es intergrupal. Según él, los individuos que conforman un grupo no pierden la identidad sino que asumen una nueva identidad social en tanto que miembros de ese grupo en particular. Cuando la pertenencia a este grupo es prominente, son el objetivo del grupo y la identidad del grupo los factores que regulan el comportamiento de sus integrantes.

Tajfel y Turner desarrollaron la teoría de la identidad social, según la cual el individuo se esfuerza por mejorar su autoestima, que está compuesta por la identidad social y la identidad personal, uniéndose a un grupo. Además de, de este modo, aumentar nuestra autoestima, favorecemos a nuestro grupo frente a otros. Desde este punto de partida, Tajfel y Turner estudian los prejuicios y los estereotipos, entre otros rasgos grupales.

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Atribuciones intergrupales

En los cuatro post previos hemos visto cómo las atribuciones ayudan a explicar el comportamiento de individuos y las diversas teorías para explicar cómo las utilizamos. Además, también contamos con atribuciones intergrupales para explicar el comportamiento propio basándonos en la pertenencia a un determinado grupo y atribuciones del comportamiento de terceros basándonos en su pertenencia a otro grupo diferente. Si, por ejemplo, estos grupos son etnocéntricos, podemos realizar atribuciones que resultan ser estereotipos (se juzga a la persona por su pertenencia a  un grupo en lugar de por sus características individuales) y que pueden ser la raíz de prejuicios y comportamientos discriminatorios.

Igualmente, se ha demostrado que se hacen atribuciones diferentes según el género del individuo. Estudios muestran como los éxitos de los hombres se tienden a atribuir a la habilidad del individuo, mientras que los éxitos de las mujeres se atribuyen al esfuerzo. Del mismo modo, los fracasos masculinos se atribuyen a la mala suerte y, sin embargo,  los femeninos, a la falta de habilidad.

Debemos de estar alerta ante este tipo de atribuciones sesgadas para evitar caer en comportamientos que perjudican al grupo más amplio al que todos pertenecemos, el género humano.