Autoconcepto y autoconsciencia

Se puede definir el autoconcepto como las creencias personales sobre las características propias. Este autoconcepto evoluciona con el tiempo, se vuelve más abstracto con la edad, y tiene un impacto en cómo nos sentimos con nosotros mismos (autoestima).

La autoconsciencia es el hecho de ser consciente de uno  mismo como objeto de los pensamientos propios. Cuando las personas nos vemos forzadas a ser autoconscientes, generalmente se producen dos tipos de reacciones: bien nos vemos motivados para cambiar nuestro comportamiento para estar a la altura de la propia imagen, bien intentamos escapar de este estado para evadirnos de las contradicciones detectadas.

El autoconcepto y la autoconsciencia forman nuestra identidad. Nos ayudan en las relaciones sociales, puesto que en cierta medida somos lo que pensamos que somos y sin conocernos a nosotros mismos no tenemos identidad. También contribuyen a tomar decisiones tomando en cuenta nuestros objetivos y valores. En este sentido, investigaciones neurológicas sugieren que para tomar decisiones a corto y a largo plazo se activan diferentes partes del cerebro. Por ejemplo, si queremos algo inmediatamente (comprar un objeto, comer algo), se activan las partes del cerebro asociadas a las emociones. Sin embargo, si pensamos realizar esa misma acción en el futuro, las áreas del cerebro implicadas son las que están relacionadas con el razonamiento abstracto.

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