La piel (3). La sensación de dolor

La piel también juega un papel relevante en nuestra supervivencia, haciéndonos conscientes de potenciales daños a nuestros cuerpos a través de varios receptores nerviosos localizados a diferentes profundidades en las capas de la piel. Hay personas que son más sensibles al dolor que otras, bien por daños en los receptores, bien por rasgos hereditarios. La reducción del dolor puede ocurrir por la liberación natural de endorfinas y otros componentes químicos que reducen esa sensación y contribuyen a obtener una sensación de bienestar. La respuesta al dolor también es de tipo perceptual, ya que depende en gran medida de nuestras emociones y pensamientos. Por ejemplo, la ansiedad que produce una visita al dentista puede hacer que sintamos más dolor durante la consulta. Igualmente, los sentimientos de alegría mitigan el dolor de un parto.

La teoría biopsicosocial propone que un conjunto de factores biológicos, psicológicos y culturales contribuyen a la experiencia del dolor. La teoría de las compuertas, por su parte, parte de la existencia de receptores nerviosos en la columna vertebral que conectan con áreas específicas del cerebro relacionadas con el dolor. Cuando estos receptores se activan a causa de una lesión, se abre una puerta al cerebro y experimentamos la sensación de dolor. Sin embargo, otro tipo de receptores puede cerrar la puerta si son estimulados, reduciendo de este modo la experiencia de dolor a través de estímulos no dolorosos que compiten y logran desplazar el mensaje neuronal de dolor. La puerta también puede cerrarse enviando un mensaje desde el cerebro a través de la espina dorsal hasta la región dañada.

El fenómeno del miembro fantasma explica como personas que han sufrido una amputación continúan sintiendo dolor en el mismo hasta que, con el tiempo, el encéfalo reorganiza las neuronas asociadas a ese miembro amputado.


La piel (2)

La sensibilidad de la piel varía según la zona del cuerpo. Es, como el oído, sensible solo a un rango de frecuencias de vibración, desde unos 40 Hz a 2.500 Hz. Y, como el olfato, se adapta al estímulo hasta el punto de desaparecer la sensación. Por ejemplo, cuando ponemos un cinturón apretado notamos esa presión solamente al principio. El tacto puede diferenciar y reconocer objetos complejos y tiende a responder mejor a diferentes aspectos de objetos que la visión. Louis Braille partió de esta habilidad para crear su alfabeto, que posibilita a los invidentes la lectura. En este alfabeto, los puntos en relieve sustituyen a las letras. La velocidad a la que una persona invidente puede leer refleja no solo horas de práctica, sino también la extraordinaria sensibilidad del tacto.

El tacto también puede ayudar a personas con problemas de oído. Se han desarrollado varios artilugios que transmiten vibraciones a diferentes zonas de la piel que la persona aprende a reconocer como palabras.

Igualmente, tenemos una red de receptores para supervisar las partes de nuestro cuerpo y sus movimientos. El procesamiento de esta información y las sensaciones que notamos se llaman kinestesis. Cuando interactuamos con el mundo exterior, percibimos los objetos a través de una combinación de sensaciones táctiles y kinestésicas, importantes en situaciones en las que la información visual o auditiva es insuficiente (por ejemplo, caminar por una habitación a oscuras) o para el desarrollo perceptual ya que el tacto y la visión se calibran el uno al otro. La combinación del tacto y las sensaciones kinestésicas se denomina percepción háptica.

El sentido del tacto es crucial para el desarrollo social, tal y cómo demostró Harlow con sus estudios con monos, y su significado es diferente de una cultura a otra.

Para terminar, el tacto también puede equivocarse, como demuestra la ilusión de Aristóteles, un equivalente a las ilusiones ópticas.


La piel (1)

La piel reacciona a estímulos físicos variados. Las sensaciones de presión, tacto, dolor, frío y calor son percibidas por receptores nerviosos situados en las diferentes capas de la piel, que son la dermis, capa de células vivas que se divide constantemente para formar la epidermis, que consta de células muertas que protegen las células vivas de la primera. Las terminaciones nerviosas se denominan corpúsculos. Así:piel1

  • los corpúsculos de Meissner están presentes en la sección de piel sin vello (palmas de manos, plantas de pies, dedos, labios, punta de la lengua, genitales) y registran el tacto.
  • los corpúsculos de Krause responden a la sensación de frío.
  • Los corpúsculos de Pacini registran cambios de presión.
  • Los corpúsculos de Ruffini reaccionan al calor.
  • Los corpúsculos de Merkel detectan el tacto superficial.

Para ver cómo estos corpúsculos responden a los estímulos, consideraremos el corpúsculo de Pacini. Loewestein y su equipo estudiaron su funcionamiento y retiraron todas sus capas hasta llegar al axón. Observaron entonces que el estímulo deforma la membrana del axón, abriendo minúsculos agujeros en la membrana, lo cual permite que iones positivos entren en la célula y la despolaricen. Esto hace que el axón con mielina lleve el mensaje del estímulo al cerebro.somatos3

La recepción de la información en el cerebro se produce en el sistema somatosensorial ubicado en el lóbulo parietal de la corteza cerebral. Penfield y Rasmussen realizaron este mapa (derecha) de la región cerebral que recibe las informaciones enviadas por los receptores cutáneos.