Actitudes

Las actitudes son evaluaciones positivas y negativas de personas (por ejemplo, no me gusta tu vecino), objetos (por ejemplo, mi postre favorito es tarta de chocolate), eventos (por ejemplo, mi fiesta favorita es Pascua) e ideas (por ejemplo, apoyo el desarrollo de energías renovables). Como vemos en los ejemplos, las actitudes incluyen tres componentes diferentes: afecto, cognición y tendencia de comportamiento. Es por este último que se han investigado mucho, ya que algunos autores consideraron que las actitudes podían actuar como predictores de nuestro comportamiento. Sin embargo, las investigaciones descubrieron que a veces puede ocurrir lo contrario, que un cambio en nuestro comportamiento conlleve un cambio de actitud.

Las actitudes se forman rápido y sin que realmente seamos conscientes de ello. Se pueden desarrollar a partir de la información que recibimos de nuestro entorno social. Los niños, por ejemplo, desarrollaran sus actitudes iniciales a partir de las actitudes que observen en los padres y en otros modelos. También pueden desarrollarse a partir del condicionamiento (ver siguiente post).


¿Por qué vemos solo aquello que queremos ver?

A ello ayudan una serie de fenómenos como:

Confirmación perceptual: tendemos a percibir la realidad como  nos la esperamos e interpretamos eventos ambiguos conforme a nuestras creencias para apoyar nuestra opinión, descartando información que nos contradice. Por ejemplo, si vamos a trabajar en un proyecto con una persona que sufre esquizofrenia, tendremos una percepción más favorable de estas personas por el simple hecho de esperar tener una buena relación con esa persona mientras trabajamos con ella.

Correlación ilusoria: tendencia a hacer una correlación entre dos eventos que en realidad no están conectados. Por ejemplo, una persona supersticiosa encontrará más acontecimientos malos sucediendo en viernes 13 porque estará prestando más atención a los mismos.

Optimismo irrealista: nos percibimos con menos posibilidades que otros de sufrir malos acontecimientos.

Prejuicio de retrospectiva: tendencia a ver un resultado como inevitable una vez que este resultado es conocido.

Perseverancia de creencias: tendencia a mantener y reforzar creencias aún ante la evidencia en contrario.


Primeras impresiones y opiniones sobre personas

Nos formamos impresiones de los demás muy pronto y basándonos en muy poca información. La expresión facial, la apariencia o una sola acción son suficientes. Incluso el nombre de una persona puede influir en las expectativas que nos creamos. Desde que nos formamos la primera impresión de alguien hasta que empezamos a hacer inferencias sobre su comportamiento transcurre poco tiempo, aunque este periodo varía según las personas. Es la teoría de la personalidad implícita la que intenta explicar cómo asociamos ciertos rasgos y comportamientos y a partir de ello nos formamos impresiones de las otras personas.

La primera información que recibimos sobre alguien tiene una gran influencia en nuestra opinión. El efecto primacía explica cómo la primera información recibida tiene mayor impacto que la posterior. Por ejemplo, como han demostrado las investigaciones de Solomon Asch, la opinión que nos formamos de una persona descrita como: inteligente, trabajadora, impulsiva y envidiosa, es diferente a la que nos formamos de una persona descrita como: envidiosa, impulsiva, trabajadora, inteligente. No solo la primera información recibida tiene más influencia sobre nosotros, sino que los rasgos negativos pesan más en nosotros que los positivos al formarnos una opinión sobre alguien.


El pensamiento contrafactual

El término se refiere a la tendencia a imaginar resultados alternativos a eventos. Además, esos resultados imaginados pueden influenciar cómo experimentamos los eventos, tanto positivos como negativos. La cantidad de alegría o de tristeza que sentimos depende de cuan fácilmente podemos imaginar un resultado diferente. Cuanto más fácil es, más fuerte es la respuesta emocional. Por ejemplo, los medallistas olímpicos en la categoría de bronce suelen sentirse más felices que los medallistas de la categoría plata por la simple razón de que quien ha ganado la plata puede imaginar fácilmente un resultado mejor, haber ganado el oro, y lamenta el no haberlo hecho, mientras que quien ha ganado el bronce imagina un resultado peor, es decir, no haber ganado medalla, y se alegra de su logro.

El pensamiento contrafactual también explica por qué las personas que sienten que podían haber evitado un evento negativo sienten ese evento más profundamente.