Cultura e identidad

En un mundo multicultural puede resultar muy útil tener información sobre cómo la cultura puede influir en los comportamientos de las personas. Esta entrada pretende ser una breve presentación de cómo la cultura influye en nuestra identidad.

Según Hofstede, en la investigación transcultural se puede observar la existencia de cuatro dimensiones culturales: disparidad de poder (respeto  y nivel de aceptación de posiciones de poder), aceptación de la incertidumbre (grado de necesidad de reglas y normas y tolerancia a la ambigüedad), individualismo/colectivismo (protagonismo de logros individuales o logros colectivos) y masculinidad/femineidad (primacía de metas relacionadas con la productividad o con la armonía interpersonal). Estas dimensiones influyen en la conducta social y psicológica de los individuos.

A partir de los trabajos de Triandis, se habla de dos tipos identidades que coexisten en cada cultura, aunque se encuentren más acentuados en unas que en otras:

independiente: uno  mismo se ve autónomo e independiente de los otros, expresa el yo.

interdependiente: conectado con los otros, con el comportamiento propio, supeditado a los valores, pensamientos y preferencias de los otros.Cultura e identidad

Ejemplos de implicaciones para la psicología del individuo:

-los recuerdos de personas con identidades independientes se centran en sí mismos, mientras que las personas con identidades interdependientes tienen más posibilidades de recordar a otro como centro de atención.

-los padres con identidades independientes alentaran en sus hijos que expresen sus sentimientos, los interdependientes que intenten entender las emociones, intenciones y motivaciones de los otros (Kanagawa, Cross & Markus 2001).

Las culturas colectivas perciben la realidad como algo dinámico y cambiante, por lo cual suelen ser más flexibles y tener un concepto más abierto de las personas. Las sociedades individualistas tienden a ser más rígidas.


El efecto foco de luz (spotlight effect)

Este efecto merece una entrada propia porque tiene una repercusión importante en la autoestima y la autocrítica y en la seguridad con la que nos comportamos en sociedad. Generalmente sobre-estimamos la medida en la que nuestra apariencia o comportamiento  son evidentes para otros. Al ser el centro de nuestra atención nosotros mismos, tendemos a no evaluar correctamente el impacto de nuestra apariencia o comportamiento, pensando que todo el mundo alrededor nos presta su máxima atención (de ahí el nombre del efecto). Múltiples experimentos muestran que no somos tan interesantes para los demás como lo somos para nosotros mismos.Efecto foco de luz Por ejemplo, en un experimento un estudiante entró en una sala llena de compañeros con una camiseta de dudoso gusto. El estudiante estaba convencido de que más de la mitad de sus compañeros se fijaría en la camiseta. Sin embargo, menos del  50% recordaba la camiseta en cuestión. En otro experimento, denominado “el estudio del día mal peinado”, los estudiantes se puntuaban y puntuaban a sus compañeros según su apariencia fuese mejor o peor de lo habitual. Las puntuaciones ajenas eran más elevadas que las propias, demostrando que los demás no se fijan tanto en nuestro aspecto como nosotros mismos. Entonces, si algún día por la razón que sea vas mal peinado/a, no te preocupes demasiado. Nadie lo notará tanto como tú.


Manejo de impresiones sociales

Utilizamos toda una serie de estrategias para manejar las impresiones que causamos en los demás e intentar que éstas sean positivas.

  • Autopromoción: se trata de convencer a los demás de que uno es competente. Los inconvenientes de esta estrategia son que la competencia habla por sí misma, por lo que puede ser que su utilización lleve a otros a pensar que la competencia es mejorable.
  • Congraciarse: básicamente se trata de hacer cumplidos. El inconveniente es que si es muy obvia será percibida como no sincera y puede provocar el efecto contrario.
  • Autoverificación: se espera que la percepción de uno mismo por los otros se corresponda con la percepción de si mismo que tiene uno mismo. Si nos percibimos de forma positiva, nos gusta que los otros nos vean así, y si nos vemos de forma negativa, también. Por eso interactuamos con personas que nos ven cómo nosotros nos vemos a nosotros mismos.
  • Autoobservación: ajusta la presentación de uno mismo a las circunstancias. Snyder desarrolló el siguiente test para medir la autoobservación de las personas:
    • ¿Cambias tu comportamiento según las circunstancias?
      1. Mi comportamiento refleja mis actitudes, sentimientos y creencias.
      2. En situaciones diferentes y con diferentes personas actúo de forma diferente.
      3. Solo puedo discutir por ideas en las que creo realmente.
      4. Cuando no estoy seguro de cómo actuar en una situación social, me fijo en el comportamiento de otros para encontrar pistas.
      5. No cambiaría mis opiniones (o el modo en el que hago las cosas) para agradar a alguien o conseguir su favor.
      6. Tiendo a ser lo que los otros esperan de mí para llevarme bien.

Para conocer el resultado, suma un punto por cada afirmación verdadera y suma otro punto por cada afirmación impar que es falsa. Cuanto más alta sea la puntuación, se tiende más a cambiar el comportamiento en diferentes situaciones y con personas diferentes. Por lo tanto, cuanto más baja la puntuación más se tiende a tener los mismos comportamientos y actitudes con personas diferentes y en circunstancias diferentes.