Teoría de la autopercepción y la hipótesis del feedback facial

Según la teoría de la autopercepción, examinamos nuestro comportamiento del mismo modo que el de los demás y así determinamos nuestras creencias y actitudes.Si, por ejemplo, elegimos con frecuencia de postre flan, asumimos que nos gusta el flan. Esta teoría explica porque si pedimos a alguien que se comporte de una forma determinada, especialmente con un poco de presión, podemos llegar a influir en el autoconcepto de la persona hasta el punto de cambiarlo.

Se han llevado a cabo investigaciones para averiguar hasta qué punto los estereotipos de género influyen en nuestra autoestima (Brannon 2008). Así, si una tarea es percibida por la sociedad como masculina, los hombres se ven más capaces que las mujeres de realizarla. Y al contrario, si una tarea socialmente se considera como propia del género femenino, las mujeres demuestran más confianza en su realización.

La hipótesis del feedback facial  sostiene que cambios en la expresión facial pueden conllevar cambios en las emociones. Así, una persona que sonríe se sentirá más contenta que una que frunce el ceño o más furiosa una persona con los puños cerrados que otra con las palmas abiertas, por ejemplo (Kleinke, Peterson, Rutledge 1998). No se ha demostrado todavía si estos cambios se deben a la autopercepción o si las expresiones faciales y movimientos corporales influyen en las emociones al producir cambios fisiológicos en el cerebro.


Introspección y predicciones afectivas

Se denomina introspección al hecho de reflexionar sobre nuestros pensamientos y/o sentimientos. Tendemos a pensar que las personas que se implican en esta actividad comprenden mejor su comportamiento y son capaces de predecir mejor sus reacciones futuras. Sin embargo, investigaciones (Wilson y Lafleur 1995 por ejemplo) apuntan a una menor correlación entre su comportamiento y sus actitudes que la existente entre las personas que las que no se analizan. Parece que son nuestros sentimientos los que predicen mejor nuestro comportamiento. Incluso se dice que las mejores decisiones las tomamos con el corazón, en lugar de con la cabeza. Por lo visto, incluso Sigmund Freud dijo: ” Cuando tomo una decisión de poca importancia, es ventajoso considerar los pros y los contras. Sin embargo, en cuestiones vitales, la decisión debe de venir del inconsciente, de algún lugar en nuestro interior”.

Las expectativas que tenemos sobre cómo nos afectarán eventos futuros se denominan predicciones afectivas. Generalmente estas predicciones tienden a magnificar el impacto de los acontecimientos en nosotros. Sea algo bueno o malo lo que nos sucede, que nos reporta gran felicidad o gran tristeza, generalmente el estado se normaliza rápidamente y no nos sentimos eufóricos o alicaídos durante demasiado tiempo.


Autoconcepto y autoconsciencia

Se puede definir el autoconcepto como las creencias personales sobre las características propias. Este autoconcepto evoluciona con el tiempo, se vuelve más abstracto con la edad, y tiene un impacto en cómo nos sentimos con nosotros mismos (autoestima).

La autoconsciencia es el hecho de ser consciente de uno  mismo como objeto de los pensamientos propios. Cuando las personas nos vemos forzadas a ser autoconscientes, generalmente se producen dos tipos de reacciones: bien nos vemos motivados para cambiar nuestro comportamiento para estar a la altura de la propia imagen, bien intentamos escapar de este estado para evadirnos de las contradicciones detectadas.

El autoconcepto y la autoconsciencia forman nuestra identidad. Nos ayudan en las relaciones sociales, puesto que en cierta medida somos lo que pensamos que somos y sin conocernos a nosotros mismos no tenemos identidad. También contribuyen a tomar decisiones tomando en cuenta nuestros objetivos y valores. En este sentido, investigaciones neurológicas sugieren que para tomar decisiones a corto y a largo plazo se activan diferentes partes del cerebro. Por ejemplo, si queremos algo inmediatamente (comprar un objeto, comer algo), se activan las partes del cerebro asociadas a las emociones. Sin embargo, si pensamos realizar esa misma acción en el futuro, las áreas del cerebro implicadas son las que están relacionadas con el razonamiento abstracto.