Percepción del movimiento

Generalmente percibimos el movimiento de un objeto en relación con un fondo estable y sin movimiento. Si el estímulo se mueve hacia nosotros, se agranda la imagen en la retina y asumimos que el estímulo se acerca a nosotros, en lugar de pensar que se agranda y la distancia que nos separa de el es constante. Para percibir el movimiento procesamos la información de los movimientos de los ojos y de la cabeza, además de la información de la imagen en la retina. Las investigaciones en este campo llevadas a cabo por Werner E. Reichardt apuntan a que existe un grupo de neuronas sensibles a la dirección y la velocidad del movimiento. Su modelo se denomina “detector de Reichardt“. A veces percibimos movimiento cuando no lo hay (movimiento aparente). Esto sucede cuando diferentes áreas de la retina reciben estímulos rápidamente, lo que nos lleva a interpretar que hay movimiento. Por ejemplo, esto es lo que percibimos cuando estamos sentados en un vagón de tren y el tren estacionado al lado empieza a moverse lentamente. Junto al movimiento inducido, en este caso tenemos la sensación de que nosotros mismos nos movemos. La percepción de nuestro propio movimiento depende del análisis de los aspectos cambiantes de la imagen a medida que nos movemos.

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